Blog personal para compartir las Meditaciones del Dia- cursos y talleres de crecimiento espiritual y de oficios-
jueves, 13 de junio de 2019
sábado, 8 de junio de 2019
viernes, 7 de junio de 2019
Sagrado Corazon de Jesus, en Vos Confio
ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN
DE JESÚS PARA UNA GRAVE NECESIDAD
Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:
(Se ora en silencio pidiendo el favor)
¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?
A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.
Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.
Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.
Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.
Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús.
Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso. Amén.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.
Sacratísimo Corazón de Jesús, en Vos confío. (3 veces)
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| Imagen del semanario de Cristo Hoy- |
Devocion al Sagrado Corazon de Jesus
miércoles, 5 de junio de 2019
Gracias por un dia mas
sábado, 1 de junio de 2019
«Pedid y recibiréis…»- la fe-
«Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. Al punto, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, entró y se echó a sus pies. La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Y le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. Ella respondió diciendo: Señor también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. Y le dijo: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija. Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido.» (Marcos 7,24-30) Jesús, esta mujer griega me ayuda a seguir pidiendo con perseverancia, aunque a veces me sienta como un extraño, o me vea indigno, después de ser tan poco generoso contigo. «Señor no soy digno de que entres en mi casa» (Mateo 8,8), pero sé que Tú estás pendiente de mí, que no me dejas. «Pedid y recibiréis…»: lo repite para recomendar a justos y pecadores la confianza en la misericordia de Dios, y por eso añade: «todo el que pide recibe»; es decir ya sea justo, ya sea pecador no dude al pedir para que conste que no desprecia a nadie» (San Juan Crisóstomo). Jesús, Tú no haces publicidad; parece más bien que prefieres «permanecer oculto». ¿Por qué? Porque prefieres darte a conocer a través de tus discípulos. La mujer del evangelio de hoy se acercó a Ti en cuanto oyó a otros hablar de tu presencia. También hoy esperas que tus discípulos hablemos de Ti a los demás. Pero, ¿quién soy yo para semejante misión? ¿No soy yo un poco indigno, sin preparación, sin virtud, sin suficiente fe? Sí, es cierto. Pero también es cierto que soy hijo de Dios, y que Tú esperas más de mí que de otros, porque también me das más: «el pan de los hijos»,la Sagrada Comunión. «¡Qué deuda la tuya con tu Padre-Dios! -Te ha dado el ser la inteligencia, la voluntad…; te ha dado la gracia: el Espíritu Santo; Jesús, en la Hostia; la filiación divina; la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra; te ha dado la posibilidad de participar en la Santa Misa y te concede el perdón de tus pecados, ¡tantas veces su perdón!; te ha dado dones sin cuento, algunos extraordinarios… -Dime, hijo: ¿cómo has correspondido?, ¿cómo correspondes?» (Forja.-11). Dios mío, yo soy, por el Bautismo, hijo tuyo. ¡Cuánto me has dado! Puedo recibir a Jesús en la Comunión, puedo pedirte perdón en la Confesión, puedo vivir mi vida humana de modo divino, es decir, llena de sentido, llena de fecundidad: todos mis actos, todos mis esfuerzos, todas mis penas y alegrías, tienen valor eterno si las hago por Ti. ¡Qué deuda tengo contigo, Señor! ¿Cómo correspondo? ¿Me doy cuenta de que me quieres como un padre a su hijo más pequeño, de que estás pendiente de todas mis necesidades? ¿Cómo me tengo que comportar de ahora en adelante, sabiendo que todo lo que hago y dejo de hacer te importa, y te importa mucho? Señor, soy indigno, soy débil, soy inconstante, soy un poco egoísta. Pero Tú quieres saciarme, puesto que eres mi Padre: «deja que primero se sacien los hijos». Sáciame de tu amor; sáciame de tu perdón; sáciame cuando te reciba en la Sagrada Comunión. Que aprenda a vivir como tu Hijo Jesús, que en esto consiste la filiación divina: sentirse y vivir como hijo de Dios que soy. Esta meditación está tomada de: "Una cita con Dios" de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona Encuentra.com |
domingo, 26 de mayo de 2019
«si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes, y dáselo a los pobres» (sacrificio)… «y ven después y sígueme» (apostolado).
«Y se le acercó uno, y le dijo: Maestro, ¿qué cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? El le respondió: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es el bueno. Por lo demás, si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos. Le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le respondió: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Díjole el joven: Todo esto lo he guardado. ¿Qué me falta aún? Jesús le respondió: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme. Al oír el joven estas palabras se marchó triste, pues tenía muchas posesiones.» (Mateo 19, 16-22).Mi vida cristiana consiste en luchar por mejorar en las virtudes.
No hay límite en amar a los padres o al prójimo; no hay límite en la virtud de la sinceridad, de la pureza o de la justicia; y mucho menos hay límite en amar a Dios sobre todas las cosas.
«¿Qué cosas buenas debo hacer? Guarda los mandamientos».
Jesús, que no me confunda: guardar los mandamientos no es un conjunto de limitaciones, sino una guía, un compendio de direcciones que debo seguir para «entrar en la Vida.»
Esas direcciones que marcan los mandamientos son las virtudes; especialmente las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- y las virtudes morales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza-.
Mi vida cristiana consiste en luchar por mejorar en las virtudes.
Por eso, la Iglesia no proclama santa a una persona sin demostrar antes que ha vivido las virtudes en grado heroico.
Me dices, de ese amigo tuyo, que frecuenta sacramentos, que es de vida limpia y buen estudiante. -Pero que no «encaja»: si le hablas de sacrificio y apostolado, se entristece y se te va.
No te preocupe. -No es un fracaso de tu celo: es, a la letra, la escena que narra el Evangelista: «si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes, y dáselo a los pobres» (sacrificio)… «y ven después y sígueme» (apostolado).
El adolescente -se retiró también entristecido: no quiso corresponder a la gracia»
(Camino.-807).
Jesús, guardar los mandamientos, crecer en las virtudes, es un programa válido para todo cristiano.
La llamada a la santidad es universal: de todos esperas esa lucha por vivir las virtudes en grado heroico.
Pero a algunos les pides más, dándoles una gracia interior que les hace preguntarse: «¿qué me falta aún?»
¿No podría hacer más por Ti?
«Vende cuanto tienes y dalo a los pobres; luego ven y sígueme.»
Jesús, cuando llamas a alguien a seguirte más de cerca, no le pides solamente unas cosas buenas, sino todo: recursos materiales, ilusiones profesionales, tiempo, y -sobre todo- el corazón; ese corazón que has creado para amar y que, al entregártelo, se hace aún más capaz de amar.
De esta manera, Jesús, el apóstol vive en el mundo con un corazón ensanchado, engrandecido por tu cercanía y por el trato íntimo contigo, pues Tú eres el verdadero Amor.
Y ese Amor se vuelca en obras de caridad para con las demás personas, y tiene como fruto característico la alegría: una alegría inmensa -lo contrario de la tristeza con la que se marchó el joven rico- que nada ni nadie puede arrebatar.
Jesús, guardar los mandamientos, crecer en las virtudes, es un programa válido para todo cristiano.
La llamada a la santidad es universal: de todos esperas esa lucha por vivir las virtudes en grado heroico.
Pero a algunos les pides más, dándoles una gracia interior que les hace preguntarse: «¿qué me falta aún?»
¿No podría hacer más por Ti?
«Vende cuanto tienes y dalo a los pobres; luego ven y sígueme.»
Jesús, cuando llamas a alguien a seguirte más de cerca, no le pides solamente unas cosas buenas, sino todo: recursos materiales, ilusiones profesionales, tiempo, y -sobre todo- el corazón; ese corazón que has creado para amar y que, al entregártelo, se hace aún más capaz de amar.
De esta manera, Jesús, el apóstol vive en el mundo con un corazón ensanchado, engrandecido por tu cercanía y por el trato íntimo contigo, pues Tú eres el verdadero Amor.
Y ese Amor se vuelca en obras de caridad para con las demás personas, y tiene como fruto característico la alegría: una alegría inmensa -lo contrario de la tristeza con la que se marchó el joven rico- que nada ni nadie puede arrebatar.
sábado, 25 de mayo de 2019
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